un blog de opiniones con mate lavado

Ciudades: el esfuerzo por convivir

El 31 de enero de 2013 21:40, escribió: >
> Ciudades: el esfuerzo por convivir
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> Buenos aportes para enriquecer el debate sobre el desarrollo de las > ciudades. Los comparto con el ánimo de contribuir a mejores construcciones > políticas, tanto en lo arquitectónico como en lo agonal… >
> Abrazo
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> Marcelo
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> Ciudades: el esfuerzo por convivir
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> Por Gabriel Levinas (@GabyLevinas)
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> Fabio Quetglas, Master en gestión de ciudades analiza los problemas > urbanos más frecuentes y propone modelos alternativos. El Borda, las villas, > el tránsito y la basura.
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> El desafío de vivir y convivir en ciudades más sustentables y ordenadas > hoy plantea varios interrogantes. Como otros grandes centros urbanos, en > Buenos Aires existen problemáticas que persisten como el tránsito, la brecha > norte-sur, la gestión de residuos y el colapso de servicios públicos, a las > que se agregan tendencias emergentes como la segregación etaria hacia la > periferia metropolitana. Apocalípticos o integrados: ¿Será el fin de las > ciudades tal como las conocemos? Fabio Quetglas, Master en gestión de > ciudades de la Universidad de Barcelona, se muestra optimista y ayuda a > pensar las actuales demandas de la ciudad en clave urbanística. >
> – Pregunta idiota, ¿qué es una ciudad?
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> – No es una pregunta para nada idiota, porque este fenómeno que llamamos > ciudad, a lo largo de 10 mil años aproximadamente que tiene de existencia, > ha cambiado mucho de forma, y es un fenómeno que se instala en todo el > globo, por lo tanto, a muchas cosas distintas les llamamos ciudad. Pero > básicamente si uno pudiera decir, ayudándonos con la literatura: la ciudad > es el esfuerzo humano por la convivencia. El fenómeno arquitectónico viene > por detrás del fenómeno de convivencialidad. Cuando personas distintas, de > distintos clanes, de distintas familias, de distintos orígenes, deciden en > un punto geográfico vivir juntos toman el desafío de la convivencialidad. O > sea que esta idea de la mezcla, de la diversidad, de la riqueza, de la > mezcla, no sólo en el sentido de la tolerancia sino de que yo aprenda del > otro diferente y el otro aprenda de mi, de como ser mejores en esa > convivencia. Pero esa convivencia tiene que ser reglada, porque hay cosas > del otro que pueden ser agresivas para mí.
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> – ¿Esa sería la diferencia entre aldea y ciudad?
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> – La aldea nos da la idea de personas homogéneas, todos de la misma > religión, todos heterosexuales, todos carnívoros; la ciudad nos da la idea > de la diversidad, y esa diversidad entraña una gran posibilidad y una gran > complejidad. Porque esa diversidad es diversidad de actividades económicas > que tienen que convivir, diversidad etaria, diversidad de cultura, > diversidad de perspectiva, y se precisa construir un gobierno. La ciudad > necesita constituir un gobierno que determine qué es lo privado y qué es lo > público, qué es lo prohibido y qué es lo permitido, qué es lo que se > estimula y lo que no se estimula. Y ahí da ese resultado tan rico, y a su > vez, que nos parece tan anárquico, que es la cultura urbana, que es tan > estimulante y tan compleja de ser administrada también. Pero la ciudad es > sobre todo un fenómeno cultural. Y después hay respuestas en ese fenómeno > cultural, por supuesto, a la gestión de la espacialidad. A qué cantidad de > espacio le dedicamos a las aguadas de los animales, a solares públicos, al > culto religioso, cómo vamos a transitar, qué hacemos con las máquinas. Por > ejemplo, nosotros tenemos naturalizado, porque es un triunfo cultural de la > industria del auto, que los autos puedan estacionarse en las puertas de las > casas. Entonces la gente tiene un departamento de cuarenta metros cuadrados > y quiere estacionarse en la puerta de la casa. Vamos a suponer que el > triunfo cultural en vez de ser del auto, hubiera sido de los músicos, y la > gente que tiene el piano dejara el piano en la puerta de la casa, o el > contrabajo. A nosotros nos parecería ridículo, ¿pero por qué no es ridículo > que esté el auto? ¿porque el auto usa la calle? Son respuestas que tienen > por detrás supuestos. Por ejemplo, cuando el taxista discute por la > bicisenda, da por sentado que tiene más legitimidad ir en auto que ir en > bicicleta. Es un supuesto. Ahora, ese supuesto en la Ciudad de Buenos Aires > sería discutible: hay ciudades en Argentina donde la proporción de > bicicletas con respecto al auto es de 10 a 1, y toda la normativa de > tránsito en esas ciudades de 50 mil o 60 mil habitantes es autocéntrica. >
> – Es decir que en las ciudades donde hay más bicicletas que autos, igual > siguen siendo coordinadas para autos.
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> – Exactamente, en las ciudades de Argentina, que son los casos que yo > conozco. Uno va a ciudades de 15 mil habitantes y el tránsito está ordenado > para el auto y no para la bicicleta. Y ahí el punto no es que hay más o > menos bicicletas que autos. Uno también podría discutir la funcionalidad. No > digo transformarla en una ciudad libre de autos, porque es un bien útil, no > es una cuestión principista, sino de la función racional del auto como la de > cualquier objeto que convive con otros objetos.
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> – Supongamos que en la Ciudad no está Macri y sólo se tiene que hacer lo > que corresponda ¿qué harías con esas 30 hectáreas donde está el Borda? >
> – Primero que ahí hay que preguntarle a los técnicos en salud mental qué > tipo de institución precisan para atender bien. Si yo voy a cambiarle de > función a un espacio que hoy está cumpliendo una función, lo primero que > tengo que saber es cómo resuelvo esa función porque ahí se da una paradoja: > la gente que trabaja en el Borda a su vez, se queja de la situación del > Borda y ante la posibilidad de cambiarlo, también se queja, entonces estamos > ante una situación de inmovilidad. Entonces hay que abrir el debate porque > en muchas ciudades se ha comenzado un proceso de desmanicomización. Pero en > tal caso, la salud de la ciudad de Buenos Aires ¿qué tipo de institución > precisa? Yo estoy casi seguro que de 30 hectáreas, es probable que la Ciudad > pueda hacerse de 20. Esas 20 hectáreas en el sur de la ciudad son muy > importantes en el equilibrio urbano porque hay una ley; la inversión pública > bien dirigida, atrae inversión privada.
> La ciudad está quebrada en un eje norte-sur, donde hay un norte con más > recursos económicos, más posibilidades de consumo y, por lo tanto, otra > oferta de comercio, logística y de transporte; y un sur más empobrecido y, > por lo tanto, una oferta más pobre. Entonces tener ese excedente es una > oportunidad interesante en un lugar interesante de la Ciudad, que se puede > destinar a varios fines: a espacios verdes para personas del entorno que > tienen un déficit importante, inclusive para generar oportunidades en > términos de vivienda social de buena calidad, con políticas públicas de > fuentes de financiamiento, y uno podría hasta -si se dirige bien- > rejuvenecer el sur, que es una cosa necesaria porque, una vez que uno lo > rejuvenece, cambia el mapa de comercios, el mapa cultural, el mapa de > demanda del sector público. Así que no estoy con las posiciones refractarias > a cambiar el Borda.
> Las ciudades exitosas son las que se reconstituyen bien. Las ciudades no > son un lugar para no tocar e incluso los lugares de preservación de memoria > -que en las ciudades son una cosa importante- se preservan mejor, en tanto a > esos espacios se les da una funcionalidad. Las ciudades tienen que asumir el > desafío de su reconfiguración permanente porque la sociedad a la que > receptan está cambiando.
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> – Sin embargo, en muchos casos, se da la paradoja de que existe una > resistencia al cambio.
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> – Sí, y algunas de esas resistencias son legítimas porque si uno tiene un > complejo arquitectónico que es parte de la memoria de la ciudad y se está > por derribar porque se está por hacer una torre de 30 pisos, es una > resistencia legítima. Cuando yo hablo de refuncionalización no digo eso: > digo que quizás ese mismo espacio, teniendo todos los mismos rasgos > identitarios, puede cumplir una función distinta. Doy el ejemplo de Puerto > Madero: hoy cumple una función distinta a la de estar en un puerto, pero uno > va y tiene la sensación de estar en un puerto porque los docks no han > perdido su morfología, porque están las máquinas, o sea que el rol de > memoria lo juega y cambió la funcionalidad. Yo estoy comprometido con la > defensa del patrimonio porque creo que una cuestión de covivencionalidad, > que está en la base de ser ciudad, es la memoria. Las ciudades de > refuncionalizan pero no se refundan con cada nueva generación. Pero pensemos > que la ciudad que tenemos derribó una ciudad preexistente, la de Buenos > Aires era una ciudad colonial y fue una decisión explícita de la generación > del ´80. Los rasgos hispanistas de la ciudad representaban el atraso, la > cosa inquisitorial y el auge de la arquitectura afrancesada terminó con una > ciudad colonial. Entonces se abrieron los grandes boulevares como en París, > Avenida de Mayo, cortamos el Cabildo que probablemente sea un icono en > términos de monumentalidad de la Nación de los más significativos. Yo no > propongo que cortemos nada, sino que preservemos pero sí teniendo en cuenta > que hay una dinámica de la ciudad y demandas sociales porque también es muy > elitista porque los dilemas de la ciudad no son patrimoniales, sus dilemas > son las personas que viven hacinadas.
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> – Hablando de eso, la villa 31 -y la forma en la que viven- ¿se parece más > a las viejas ciudades, o esto se parece más?
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> – La villa 31para mi es un fenómeno irresoluble. Yo creo que hay que > asumir el complejo de dificultad. ¿Por qué es una pregunta difícil? Voy a ir > a los supuestos: En la ciudad de Buenos Aires más de 2/3 de su actividad > económica es de servicios y es una ciudad que ha precarizado su mercado > laboral, es muy flexible, sobre todo el mercado informal de la economía. No > es la ciudad de los ´50 o ´60 que tenemos en la cabeza “de la casa al > trabajo, del trabajo a casa”, porque en una ciudad de movimientos > rutinarios, uno puede poner el hábitat relativamente lejos del trabajo, y un > medio de transporte que rutinariamente te lleve y te traiga y a vos te > resuelve la vida. Pero si vos trabajás una semana de remisero, otra semana > limpiando los vidrios del Sheraton, una semana trabajando de noche y otra de > día, como la gente de seguridad privada, vivir lejos del mundo del trabajo, > no solo es tiempo que perdés, sino también perdés el valor de la > información. Yo creo que si se hace un estudio serio y se georeferencia > dónde trabaja la gente que vive en la villa 31, estoy seguro que el 90% de > la gente trabaja a 2km de la villa, que es la economía formal incluida en la > Ciudad de Buenos Aires que tiene un ejército de fuelle de mano de obra en la > villa 31. Entonces a esa gente no se la puede poner en José León Suárez con > un tren a 1:40 hora, o en Florencio Valera. En la economía de servicios, el > valor de la locación es mucho más alto que en la economía industrial. > El otro tema es que está enclavado en el espacio inmobiliario más caro de > la Argentina. Está al lado de una estación nodal en el país, a un minuto de > Puerto Madero, de Recoleta, con lo cual cualquier fenomenología de cambio de > población ahí es, en términos sociales, regresivo porque les sacaron a los > pobres el lugar más caro para poner ¿qué?
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> – Macri dijo que quería duplicar la cantidad de gente en la ciudad ¿es una > locura?
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> – Hace 2500 años atrás, en lo que es la península helénica, había 300 o > 400 mil habitantes y Aristóteles decía que estaba superpoblada. Y estaba > superpoblada porque para una economía que vive de la pesca y que vive del > pastoreo de ovejas era mucho. Qué es superpoblado y qué no, depende de un > conjunto de factores que no tienen que ver solo con si hay lugar o no hay > lugar. Hay una parte de la respuesta de Macri que es cierta: en un espacio > de este tamaño en otros lugares del mundo sí viven 5 o 6 millones de > habitantes y no hay dudas de que hay lugares de la Ciudad de Buenos Aires > que tienen una relativa baja densidad y que mejorarían su calidad urbana > aumentando su densidad, eso es un dato estadístico. Pero para que eso ocurra > tienen que cumplirse una serie de factores. No sé en qué sentido lo decía > Macri.
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> – Ellos dicen que el hecho de que mucha gente que trabaja en la ciudad > viva afuera, genera un gasto ecológico por el combustible que se gasta. Si > la gente viviera en la ciudad eso se evitaría.
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> – Eso es exactamente así, pero el problema es que el valor del metro > cuadrado en Liniers o en Floresta o en Barracas, de un joven profesional > compite con el metro cuadrado de Wilde, Ciudadela o San Martín. En la medida > en que m2 de esta localidades valga 30% o 40% menos, no hay cómo explicarle > a ese muchacho que el departamento de 40m2, que es a lo máximo que está > pudiendo acceder, se lo compre en un lugar que vale más caro porque él un > manguito más para el bondi puede pagar, pero 15 mil dólares para el > departamento no. Entonces, lo que ocurre es que empezamos a tener una ciudad > con una morfología demográfica típicamente latinoamericana donde los > propietarios del área central de la ciudad empiezan a ser cada vez más > viejos y esos 3 millones que trabajan son jóvenes que trabajan en toda la > escala laboral: jóvenes más pobres en la periferia y viejos más ricos en el > centro. Eso es una muy mala combinación. La reversión de ese proceso > requiere políticas de la ciudad y de políticas metropolitanas porque al > revés, al intendente de Quilmes también le viene bien tener jóvenes > profesionales que paguen el ABL. Y los nuevos que quiere Macri para pasar de > 3 a 6 millones de habitantes, no son los jóvenes de las villas. O sea, se > disputan al mismo sujeto. Este es uno de los temas que desnuda la ausencia > de políticas metropolitanas. Tener una ciudad enormemente dispersa hace que > sea muy ineficiente llegar con el agua, llegar con la luz. Esa ineficiencia, > en la práctica, se traduce en no tener luz, en no tener agua, no tener > recolección de basura; entonces segmento la ciudad en una ciudad servida y > una ciudad sirviente.
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> – ¿Cuáles son los problemas más serios y comunes a todas las ciudades? >
> – No quiero ser snob, pero un gran problema es la reconversión masiva de > la mano de obra hacia la economía del conocimiento. Si nosotros no queremos > ciudades quebradas, precisamos -así como fue la alfabetización masiva el > correlato para la industrialización- bilingüismo masivo, interpretación, > comprensión, tolerancia, porque empezamos a trabajar con culturas diversas. > Un montón de valores de la nueva laboriosidad que está emergiendo a partir > de la economía del conocimiento para evitar que sea una ciudad amurallada de > personas que conozcan los códigos de esa nueva economía, y extramuros quede > la ciudad que no ingresó a ese nuevo estadio civilizatorio. Ese es el > desafío más importante para poder poner equidad. Después, como yo acompaño > la posición de que la gente viva cerca de donde trabaja, esto es un gran > tema. En EE.UU., la gente vive a un promedio de 50km del lugar de donde > trabaja.
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> – Los judíos y gallegos sabían eso. Vivían arriba del negocio. >
> – Pero vivían cerca del negocio por otra cosa también. La idea de vivir en > un lugar y trabajar en otro, es una idea de la industria. En la economía > agraria tradicional, lo que se llama la producción y la reproducción > ocurrían en el mismo espacio. El artesano estaba en el fondo o arriba y la > mujer iba y le decía: “José baja que está la comida”. Pero cuando aparece la > industria, aparecen los olores, las explosiones, los ruidos, la basura, por > un problema de convivencialidad, sacamos a la industria de la ciudad y > generamos un fenómeno que hasta ahora nos aturde que es la movilidad urbana: > tenemos que ir a trabajar y volver. Pero ahora estamos saliendo del proceso > de industrialización en vez de ir 3 mil a la fábrica, van 200 y los otros > trabajan de otra cosa, entonces hay que volver a vivir cerca del lugar donde > trabajamos para disminuir la movilidad y mejorar nuestra calidad de vida. >
> El tercer problema es la basura. Es un tema que en Buenos Aires está muy > mal resuelto porque estamos muy atrás, pero es un problema mundial. Vivimos > en una sociedad fetiche, generamos volúmenes de basura extraordinarios y > creo que todavía no hay una conciencia. Empieza a haber en los últimos 20 > años una conciencia planetaria, pero de verdad hay que adquirir una > conciencia mayor de que el tema de la basura es un riesgo severo para el > planeta y es un costo inasumible para las ciudades si uno le da todo el > tratamiento que le tiene que dar. Para que ese costo no sea tal, tenemos que > separar en casa, etc. Nosotros nos tomamos unos minutos y le ahorramos a la > ciudad un montón de dinero y ese dinero hay que destinarlo a políticas > estructurantes de cohesión social.
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> – Pepe Mujica dijo que si aceptamos este paradigma de consumo y que si > cada habitante de India tuviera lo que todo el mundo quiere tener (un coche, > una heladera y un plasma) el mundo se acabaría ¿cómo se hace para que una > ciudad sobreviva a esto?
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> – Cuando apareció la industria hubo gente que decía que iba a desaparecer > la ciudad. Cada tanto se anuncia la desaparición de la ciudad. Como nosotros > somos gregarios y queremos vivir juntos, la ciudad no desaparece porque > descubrimos cómo resolver el problema. También hay que decir que hay una > vanguardia intelectual en el mundo, cada vez menos testimonial y cada vez > más relevante, que plantea diferencias en términos de paradigma. > Que estamos ante una situación de difícil resolución está claro y por > diversas razones. Hay países cuyos estándares de consumo no son de los más > pobres del mundo, sin embargo cuando uno les pregunta a sus clases medias > creen que son los desheredados de la tierra: ese es un caso típico de la > clase media latinoamericana. Es un problema de imaginario, del lugar donde > se ubican. Entonces con esto del consumo que plantea Mujica hay un problema > de imaginario. La pregunta es si muchos de los que consumen mucho creen que > consumen mucho o todavía piensan que consumen poco porque ven las sitcoms > norteamericanas y comparan con los que más consumen. Y esto no es una > batalla económica, es una batalla cultural. Es probable que esta vanguardia > cultural tenga que generar sus dispositivos comunicacionales para desmontar > mitos sobre cómo se viviría en un mundo que yo no llamaría de menor consumo; > de otro consumo. Empezaríamos a consumir otras cosas: productos artísticos, > libros, masajes, guías turísticos, explicaciones, cuentos, que son > perfectamente sostenibles y reciclables. Los símbolos de riqueza de las > sociedades industriales son productos industriales y es probable que los > símbolos de riqueza de la sociedad del conocimiento sean otros. Por eso, > estamos ante un cambio civilizatorio que no sabemos para dónde va a ir pero > está claro que pone en juego la supervivencia de las ciudades tal cual hoy > las conocemos.
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